El colapso de una enorme masa de hielo y roca en el Himalaya desencadenó uno de los desastres naturales más graves de los últimos años en Nepal. La Dra. Laura Perucca, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la UNSJ e Investigadora Superior del CONICET, explicó cómo se produjo el fenómeno, repasó antecedentes similares en la Cordillera de los Andes y advirtió sobre la importancia del monitoreo y la planificación frente a procesos que también han ocurrido en San Juan.

Foto de Nepal después del aluvión

El pasado 26 de agosto, una enorme masa de hielo y roca se desprendió en la región del Himalaya, a más de 5.000 metros de altura, y descendió violentamente hacia el valle. El fenómeno desencadenó una sucesión de procesos que terminaron convirtiéndose en un flujo de agua, barro, rocas y escombros capaz de arrasar poblaciones e infraestructura a lo largo de su recorrido.

Las imágenes de la devastación recorrieron el mundo y volvieron a poner en discusión los riesgos asociados a los ambientes de alta montaña. Pero, aunque el episodio ocurrió a miles de kilómetros de Argentina, las características del fenómeno no son completamente ajenas a nuestro territorio.

La Cordillera de los Andes presenta condiciones capaces de producir procesos semejantes y existen antecedentes históricos tanto en Argentina como en San Juan.

Nepal: un fenómeno de alta montaña que puede volver a ocurrir

“Hubo un flujo de barro, rocas y detritos, de todo el material que arrastraba a su paso el agua, originado por la ruptura de un glaciar en la alta montaña, a más de 5.000 metros de altura”, explicó Perucca.

La especialista, que desarrolla sus tareas en el Instituto de Geología de la FCEFN, detalló que los enormes bloques de hielo descendieron bruscamente hacia un río. La caída del material produjo una obstrucción temporal del cauce, comportándose como una suerte de dique natural. El agua comenzó entonces a acumularse detrás de esa barrera hasta que la presión terminó provocando su ruptura.

A partir de allí, el proceso se volvió extremadamente rápido. “Al crecer el nivel del agua del río, lo rompe y, bruscamente, muy rápidamente, se desliza hacia cotas inferiores, arrasando con todo lo que encuentra”, señaló.

El peligro de estos fenómenos no está dado solamente por el agua. A medida que el flujo avanza incorpora rocas, troncos, sedimentos y todo tipo de materiales. Cuando alcanza sectores urbanizados suma también restos de edificios, vehículos, puentes y otras estructuras, aumentando todavía más su capacidad destructiva.

El reciente desastre destruyó poblaciones, caminos, puentes e infraestructura estratégica y provocó miles de víctimas entre fallecidos y desaparecidos.

Aunque un episodio de semejante magnitud pueda parecer excepcional, Perucca remarcó que existen antecedentes en el Himalaya.

Foto de Los Himalaya

Los Himalayas son un lugar que, por su geografía y por los cordones montañosos que hay, es propenso a este tipo de fenómenos”, sostuvo.

A las características del relieve se suman las grandes acumulaciones de nieve y los procesos de deshielo. Durante las temporadas de mayor acumulación nival, el posterior derretimiento puede aportar enormes volúmenes de agua a los sistemas fluviales. El retroceso y derretimiento de los glaciares puede contribuir también a aumentar la inestabilidad de estos ambientes.

Por eso, para la investigadora no se trata de procesos que deban considerarse irrepetibles: “Es un evento que ha ocurrido en el pasado y que ocurrirá en el futuro con seguridad”.

Uno de los aspectos que más interrogantes abrió después del desastre fue la posibilidad de anticiparlo. Perucca señaló que el análisis posterior de imágenes satelitales permitió detectar que la masa glaciar había experimentado una aceleración en los días previos a su colapso.

Sin embargo, no existió una alerta que permitiera evacuar anticipadamente a todas las poblaciones ubicadas aguas abajo.

El caso pone de manifiesto una de las mayores dificultades de la gestión de los riesgos naturales: conocer la existencia de un peligro no siempre significa poder determinar con exactitud cuándo se desencadenará.

En ambientes de montaña, además, la ubicación de caminos, puentes, centrales hidroeléctricas, escuelas y asentamientos humanos adquiere una importancia fundamental. La planificación territorial y de la infraestructura debe contemplar no sólo las condiciones actuales de un río o una ladera, sino también los procesos geológicos y geomorfológicos capaces de modificar drásticamente esos ambientes.

Los Andes también tienen antecedentes de fenómenos similares

La distancia geográfica no debe llevar a pensar que lo sucedido en el Himalaya constituye una realidad completamente ajena a Sudamérica.

Los Andes son la segunda área con esa peligrosidad”, afirmó Perucca. Existen antecedentes en distintos sectores de la cordillera, entre ellos episodios ocurridos en Perú y varios casos documentados en Argentina.

Uno de los más importantes ocurrió en 1914, en la cuenca del río Barrancas, en el límite entre Neuquén y Mendoza. Allí, un antiguo deslizamiento había bloqueado el valle miles de años antes y dado origen a la laguna Cari Lauquen. Durante el invierno de 1914 se produjo una importante acumulación de nieve y, con la llegada de las altas temperaturas, el deshielo incrementó rápidamente el volumen de agua almacenada. Finalmente, el 29 de diciembre, el dique natural colapsó.

La liberación repentina del agua generó una enorme crecida que descendió por los ríos Barrancas y Colorado y recorrió cientos de kilómetros, destruyendo el antiguo poblado de Barrancas y afectando distintas localidades aguas abajo. Fue uno de los eventos de estas características más destructivos registrados en el país.

Otro antecedente emblemático ocurrió en Mendoza en 1934, esta vez directamente relacionado con un glaciar. El avance del glaciar Grande del Nevado del Plomo obstruyó el río del Plomo y generó un embalse natural. Cuando la barrera cedió, una enorme crecida descendió por las cuencas de los ríos Tupungato y Mendoza.

El aluvión destruyó tramos del Ferrocarril Trasandino, puentes, caminos y otras obras de infraestructura y provocó víctimas fatales.

Estos antecedentes permiten comprender que los endicamientos naturales, es decir, la obstrucción de un río por hielo, roca u otros materiales y su posterior ruptura forman parte de los procesos que pueden desarrollarse en grandes sistemas montañosos.

Y actualmente existe otro lugar de los Andes argentinos que concentra la atención de los investigadores.

En la región de El Chaltén, Santa Cruz, especialistas estudian el comportamiento de una ladera próxima a la laguna Torre. El retroceso del glaciar Torre ha favorecido la reactivación de un deslizamiento que avanza hacia la laguna.

Cerro Fitz Roy - Patagonia Argentina

“Están monitoreando cómo se va moviendo ese deslizamiento hacia la laguna, previendo un posible fenómeno similar al de Nepal, donde, en vez de un glaciar, lo que cae es una ladera”, explicó Perucca.

En este caso, la diferencia fundamental es precisamente el seguimiento científico que se realiza sobre el fenómeno. El objetivo es conocer la evolución de la ladera y anticipar posibles escenarios que puedan afectar sectores ubicados aguas abajo.

La situación en San Juan

San Juan tampoco es ajeno a este tipo de procesos. Uno de los antecedentes más importantes ocurrió en noviembre de 2005, cuando un deslizamiento de rocas y detritos obstruyó el río Santa Cruz, en la alta cordillera sanjuanina, y formó un embalse natural.

Laguna de alta montaña, Los Erizos, ubicada en el Departamento Calingasta

El aumento de las temperaturas aceleró el derretimiento de la nieve y elevó rápidamente el volumen de agua acumulado. Finalmente, la barrera natural cedió y liberó una violenta crecida.

El aluvión descendió por el río Santa Cruz, continuó por el río Blanco, alcanzó el río Los Patos y posteriormente el río San Juan. La onda de crecida provocó daños en Barreal y Calingasta y llegó hasta las obras del entonces todavía en construcción dique Los Caracoles.

El episodio constituye una referencia fundamental para comprender que los procesos observados actualmente en otras grandes cadenas montañosas tienen equivalentes en la historia reciente de nuestra provincia.

Esto no significa que San Juan esté ante la inminencia de un fenómeno como el ocurrido en Nepal. Sí significa que las características geológicas y geomorfológicas de la cordillera hacen necesario conocer estos procesos, identificar las zonas susceptibles y realizar un seguimiento de aquellos sectores que puedan representar un peligro.

Para Perucca, una de las herramientas principales es “el monitoreo”. Ese seguimiento puede realizarse mediante imágenes satelitales, relevamientos periódicos en terreno y mediciones que permitan detectar cambios en glaciares, laderas, lagunas y otros sectores potencialmente inestables.

La información científica adquiere así un papel central para la prevención. Detectar movimientos, reconocer cambios y comprender la dinámica de los sistemas de montaña permite aportar datos para la toma de decisiones, la planificación territorial, el diseño de infraestructura y la elaboración de protocolos de actuación.

El calentamiento global agrega, además, una variable que debe ser considerada. Perucca explicó que el aumento de las temperaturas puede favorecer un derretimiento más rápido del hielo y de la nieve, aunque remarcó que estos fenómenos no nacieron con el cambio climático.

“¿Hay un calentamiento global? Sí, eso hace que se derritan más rápido, pero estos procesos se han producido a lo largo de la historia geológica”, señaló.

Es decir, se trata de mecanismos naturales que existen desde mucho antes de la intervención humana sobre el clima, aunque las modificaciones actuales de las temperaturas pueden alterar las condiciones en las que se desarrollan.

El desastre de Nepal vuelve entonces a poner sobre la mesa una discusión que también resulta relevante para una provincia cordillerana como San Juan: conocer el territorio es una de las principales herramientas para convivir con sus amenazas naturales.

La experiencia internacional, los antecedentes registrados en los Andes y el propio episodio ocurrido en San Juan en 2005 muestran la importancia de sostener el estudio y monitoreo de la alta montaña. Porque aunque no siempre sea posible establecer el momento exacto en que un proceso natural se desencadenará, la investigación científica permite reconocer los escenarios de peligro, orientar la planificación y reducir la vulnerabilidad de las poblaciones y de la infraestructura.