En el marco del Día del Animal, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la UNSJ dialogó con el biólogo e investigador Exequiel Gonzalez, del Centro de Investigaciones de la Geósfera y Biósfera (CIGEOBIO), dependiente de la UNSJ–CONICET, quien lleva adelante un estudio sobre la interacción entre el Loro Barranquero y el cultivo de pistacho en San Juan.

¿En qué consiste su investigación?
Mi trabajo se centra en comprender la interacción entre el Loro Barranquero, de nombre científico Cyanoliseus patagonus, y el cultivo de pistacho en San Juan. Buscamos generar bases científicas sólidas para abordar un problema que viene creciendo en la región, el daño que algunas aves pueden llegar a ocasionar en sistemas agrícolas.

Dr. Exequiel Gonzalez. Biólogo. Investigador de la UNSJ-CONICET

¿El foco está puesto solo en esta especie?

Sí, en principio el estudio se enfoca en el Loro Barranquero, ya que es la especie señalada con mayor frecuencia por los productores como responsable de los daños en el cultivo de pistacho. Sucede que este cultivo ha tenido una expansión muy importante en las últimas décadas en San Juan y eso genera nuevas interacciones con la fauna nativa.

Es clave, entonces, entender esas relaciones con la fauna…

Sí, es clave para poder diseñar estrategias que reduzcan las pérdidas económicas sin afectar la conservación de las especies, especialmente del Loro Barranquero, que se trata de una especie nativa categorizada como amenazada a nivel nacional. De todos modos, en algunas ocasiones también hemos observado que la Cotorra puede producir daño en el cultivo. Por lo tanto, cuando realizamos las mediciones de daño en campo, ese impacto también estaría siendo incorporado en las estimaciones generales.

La superficie cultivada con pistacho en San Juan pasó de 600 hectáreas en 2013 a alrededor de 6.500 en 2025. Representa el 87% del cultivo del país. ¿El motivo? La rentabilidad y la adaptación regional.

¿Qué aspectos analiza específicamente el estudio?
En primera instancia evaluamos cómo la especie utiliza los cultivos, cuál es la magnitud y distribución espacial del daño para poder determinar su impacto económico. Una vez contemos con esa información la idea es avanzar con el análisis de posibles estrategias de manejo a aplicar en las fincas. Todo esto nos permitirá tener una visión más completa del problema y evitar percepciones erróneas o sobreestimaciones.

¿Qué rol cumple el Loro Barranquero en el ecosistema?
Es una especie emblemática de los ambientes áridos argentinos y muy característica de observar en algunas zonas periurbanas de la provincia, donde suele formar bandadas numerosas y ruidosas posadas sobre el tendido eléctrico. Tienen un comportamiento social muy marcado, hacen sus nidos en barrancas donde excavan túneles, y además cumplen un rol ecológico importante, ya que se alimentan de semillas, frutos y brotes, contribuyendo a la dispersión de especies vegetales.

En el Gran San Juan no es frecuente observar al Loro Barranquero. Sí en zonas periurbanas, formando bandadas ruidosas, posado sobre el tendido eléctrico, en arboledas o desplazándose entre áreas abiertas y sectores cultivados.

¿Cuáles son los principales avances o resultados hasta el momento?
Lo que vemos hasta ahora es que el daño existe, pero su intensidad puede variar bastante entre plantaciones. Además, estamos observando que el daño dentro de una plantación no es homogéneo, sino que existen sectores particularmente más afectados que otros. Esto sugiere que ciertas condiciones del paisaje circundante y/o del propio cultivo podrían estar influyendo en ese patrón de distribución del daño. Este tipo de evidencia es importante para tomar decisiones basadas en datos y no en percepciones.

El Loro Barranquero busca el pistacho debido a su alto valor energético y nutricional.

¿Se pueden mencionar algunas observaciones preliminares?
Sí, aunque es importante aclarar que todavía no hablamos de conclusiones cerradas. Por ejemplo, en otros sistemas suele observarse el llamado “efecto de borde”, donde el daño se concentra en los sectores periféricos del cultivo. En este caso, no parece manifestarse de manera clara.

¿Y en términos de magnitud del daño?
Los valores que estamos registrando se ubican por debajo del límite inferior de los niveles que en otros cultivos se consideran umbrales para comenzar a aplicar medidas de manejo, que suelen estar entre el 5% y el 10%. De todos modos, ese umbral todavía debería estimarse específicamente para el pistacho.

El desarrollo del cultivo de pistacho en Argentina comenzó en la década de 1990. Hacia 2018, San Juan concentraba alrededor del 94 % de la producción nacional.

Es un estudio complejo. ¿Qué otros factores están en juego?
Uno muy importante es la alta movilidad de la especie. Esto puede generar mucha variabilidad entre temporadas: una plantación puede tener muchos loros un año y muy pocos al siguiente. También puede haber diferencias entre fincas que todavía no logramos explicar completamente. Esa heterogeneidad espacial y temporal es un aspecto clave que seguimos investigando.

Durante los muestreos se registraron bandadas formadas por entre 491 y 561 individuos de Loro Barranquero.

¿Qué aporta este tipo de investigaciones?
Aporta conocimiento estratégico para la gestión del territorio. Nos permite avanzar hacia modelos productivos que integren conservación y desarrollo, que es uno de los grandes desafíos actuales. Además, responde a demandas concretas del sector productivo, pero desde una mirada sustentable.

La mayoría de los cultivos de pistacho se concentran en 25 de Mayo. También hay plantaciones en San Martín, Pocito y Caucete.

Para más información: egonzalez@unsj-cuim.edu.ar  /  264 5069396