En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFN) de la UNSJ destaca la trayectoria profesional de la Dra. Laura Beatriz Godoy, docente e investigadora de nuestra casa, que se encuentra en una campaña científica en la Antártida Argentina.

Nacida en Bahía Blanca y formada como geóloga en la FCEFN de la UNSJ, Godoy desarrolla tareas de investigación en el Instituto Geofísico Sismológico Volponi (IGSV) y por estos días integra un equipo científico argentino que participa en la Campaña Antártica de Verano 2025-2026, midiendo el espesor de los glaciares del continente blanco.

Su trayectoria académica, su compromiso con la ciencia pública y su experiencia como mujer investigadora y madre confluyen hoy en una vivencia profesional y humana de enorme relevancia para el conocimiento científico y para la visibilización del rol de las mujeres en la ciencia.

Laura Godoy en modo selfie con el equipo científico que participa en la Campaña Antártica de Verano 2025/2026.

– ¿Qué tareas específicas estás realizando en la Antártida?
Vinimos a medir el espesor del glaciar en la Isla Vega utilizando Sísmica Pasiva. Básicamente, medimos sobre la superficie del glaciar con estaciones sismológicas para registrar las vibraciones naturales de la Tierra y, con esos datos, podemos modelar la profundidad a la que se encuentra la roca basal.

– ¿Cuál es el objetivo principal de este trabajo?
El objetivo es conocer la geometría del sustrato sobre el que descansa el glaciar. Al medir varios perfiles sísmicos, obtenemos una imagen en dos dimensiones del espesor del hielo.

– ¿Quiénes te acompañan en esta campaña?
Vinimos desde San Juan junto con el Dr. Sebastián Correa-Otto, con quien trabajo en el desarrollo metodológico. Fuimos invitados por el Instituto Antártico Argentino y, en el campamento, trabajamos con la Dra. Carla Puigdomenech, egresada de la FCEFN e integrante del Departamento de Glaciología del Instituto Antártico Argentino. También hay investigadores de otras provincias y de otros países, con quienes compartimos logística y experiencias.

Trabajo de taller. Revisión de equipos y carga de baterías.

– ¿Cómo es un día típico en la Antártida?
Nos levantamos temprano, desayunamos y, si el tiempo lo permite, salimos al campo a instalar equipos o realizar mediciones. Si no, trabajamos en gabinete procesando datos o en el taller revisando los equipos y cargando baterías. Aquí en Base Marambio no cocinamos; tenemos horarios fijos para el comedor, y el nuestro es a las 12 hs. Por la tarde retomamos el trabajo en el taller o con la computadora. Aprovecho también para hablar con mis hijos.

Aquí se cena temprano y, como anochece cerca de las 23 hs., suele quedar tiempo para compartir. Nos juntamos en el comedor o en los espacios comunes, jugamos al pool, a las cartas o simplemente charlamos. A veces salimos a caminar cerca de la base; los paisajes son increíbles, aunque hay que tener mucho cuidado porque el tiempo puede cambiar en minutos.

– ¿Cómo es trabajar en una geografía tan distinta a la de San Juan?
La convivencia se parece mucho a la de un campamento minero o petrolero: compartimos habitaciones y espacios comunes y debemos adaptarnos y comprendernos mutuamente. Lo bueno es que el grupo es excelente, hay mucho compañerismo y, para muchos, es la primera vez en la Antártida, así que todo es novedoso. En lo geográfico, venimos de un ambiente andino y árido, por lo que caminar sobre nieve y hielo durante largos períodos es un desafío nuevo, pero fascinante.

– ¿Cómo definirías la experiencia?
Es un sueño hecho realidad. Supera todo lo que imaginaba antes de llegar, no solo en lo profesional, sino también en lo humano. Nos tocó un grupo de investigadores de distintas instituciones que son sumamente amables y compañeros. Ese ambiente colaborativo hace que, a pesar del clima adverso y del encierro relativo, la experiencia sea enriquecedora en todos los sentidos.

Laura con sus tres hijos: Joaquina (19), Juan Martín (11) y Nahuel (9).

– A raíz de esta experiencia, ¿qué reflexión te genera ser una mujer de ciencia?
Elegir la ciencia como proyecto de vida ha sido una decisión que integró, en lugar de separar, las distintas facetas de quién soy. Como madre, me ofreció una estructura flexible que me permite realizar campañas como esta en la Antártida y, al mismo tiempo, tener una crianza presente. Mamá va de campaña, pero vuelve con historias, datos y la certeza de que su trabajo contribuye a algo más grande.

– ¿Cómo ves el rol el rol de la mujer en la ciencia en general?
Creo que hoy estamos viendo un cambio necesario, aunque todavía incompleto. Las mujeres en la ciencia no solo aportamos una mirada distinta y enriquecedora a los problemas, sino que también demostramos que se pueden combinar roles que antes parecían incompatibles, como la maternidad y la investigación de campo. Cada vez somos más las que mostramos que la ciencia se hace mejor cuando hay espacio para todas las voces y todas las experiencias.